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miércoles, 24 de mayo de 2017

Vitácora de viaje: México

Lo escrito a continuación está basado meramente en mi experiencia personal al haber recorrido México durante casi un mes. Por ende, todo es subjetivo y está abierto al debate en todos sus puntos.

Con su extensidad y su rica historia, el país de los tacos, burritos y quesadillas tiene varias caras para mostrarle a cualquiera que lo visite. Después de recorrer 11 de sus 31 estados y su Capital (algunos de paso, otros en profundidad) me llevo anécdotas imborrables, fotos para el recuerdo y muchas ganas de seguir aprendiendo y explorando para volver por algunas revanchas.
El interior nos supo recibir ruidoso al extremo, con reggetón y televisores a volúmenes inimaginables en horas complicadas. También encontramos en esos lugares los mejores puestitos de comida callejera. Aprendimos que burritos, sólo en el norte y que los vampiros son en esos pagos lo que las gringas desde DF para abajo (tacos pero con las tortillas tostadas). Agua de jamaica y de horachata -o arróz- hay en todo el país (una señora me enseñó la receta en los Cabos y todavía no intenté hacerla) y si hablamos de cerveza, no hay como una Indio bien bien fría. A lo que en Argentina llamamos salsa criolla ellos le llaman bandera por sus colores, claro está.

Monopolios por doquier de la mano de Pemex, la estación de servicio por excelencia y la única en el país hasta julio de 2016; y Oxxo, una especie de almacén moderno con más de 14000 sucursales. Ambas entidades forman un maridaje infaltable a lo largo de caminos, pueblos y cuidades.
Las rutas por lo general me resultaron cómodas y bien mantenidas salvo en los primeros tramos de Baja California, en su mayoría angostas y sin banquina y en algunos puntos cercanos a la capital los pozos fueron difíciles de esquivar justo donde los peajes asomaban después de cada curva. A las opciones "libre" no fuimos nunca por miedo a encontrarnos con caminos intransitables pero cada vez que aparecía la palabra "cuota" al lado del nombre de la ciudad a la que nos dirigíamos nuestros bolsillos lloraban sin consuelo.
Siempre circulamos con los papeles en regla y prestando atención a cada señal y sin embargo sufrimos la corrupción que maneja la policía local (seguramente ni más ni menos que en la mayoría de los países centro y sudamericanos incluyendo Argentina) que al verte con patente extranjera no duda ni un segundo en frenarte y el resto de la historia ya es conocida.
Me desilusionó el caribe, guardado exclusivamente para las grandes cadenas hoteleras y creo que de volver lo haría de ese modo. Parando en hostel siempre quedás lejos de la playa y hay que buscar las playas públicas o meterse en algún pasillo de algún hotel que esté mas o menos visible. Definitivamente es para otro tipo de viaje.
Los pueblos chiquitos y sus habitantes son los que te regalan las mejores historias y siempre es lindo encontrar gente con ganas de hablar, aunque no pasa en todos lados.
Me fui con ganas de seguir leyendo y aprendiendo de Aztecas y Mayas, sus culturas me fascinaron y me encanta que la gente siga rindiendo homenaje a las civilizaciones prehispánicas.
Solo un domingo en DF no alcanzó, habrá que volver para recorrer museos y ferias de artesanos. Me llevo en la retina, entre otras cosas, el hermoso arco histórico del Estadio Azteca, el patio de la casa de Frida y la fuerte propaganda contra el machismo.
Gracias México. Volveremos, volveremos otra vez....

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