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sábado, 14 de mayo de 2016

Un mate en el Central Park


La primavera recién se estaba animando a aparecer cuando decidí pisar por primera vez Nueva York. Clima ideal para caminar de un lado al otro y sólo usar el subte como medio de transporte (dicho sea de paso, las líneas de subterráneo en esta ciudad son muy cómodas y no hace falta tomarse un taxi en toda la estadía si es que se va en plan “gasolero” -como fue mi caso-, comprando un boleto semanal a 32 uds estás).
Una de las primeras cosas que hice fue algo que venía pensando desde que decidí hacer este viaje, por ende cargué el termo y me fijé que mi yerbera estuviera suficientemente llena antes de salir del departamento de un amigo que muy amablemente me estaba alojando. Metí todo en la mochila al lado de la cámara de fotos y la campera, por si al ya casi acabado invierno se le antojaba asomar, y me encaminé al subte 1. Bajé en la estación de la calle 96, vi un montón de casitas divinas, todas pegadas sin siquiera medianera o patiecito que separe los terrenos, con sus escaleritas hacia la puerta y esas otras en el frente para bajar de un piso a otro en caso de emergencia que tanto vemos en las películas. Caminé el enorme parque y sentí, aunque parezca imposible, mucha naturaleza en el medio de todo ese cemento y esas interminables construcciones. Pasé por West 72 para poder mandarle una foto a mi viejo de ese gran “IMAGINE” que rememora el asesinato de John Lennon exactamente ahí donde yo ahora miraba un edificio que, también, estaban remodelando. En el camino pensé cómo se le ocurría a esos cantantes callejeros tocar ‘Strawberry Fields’ justo ahí...a mi no me daría la cara....pero garpa Manuela, por la plata baila el mono.
Hasta que finalmente llegué a “Sheep Meadow”, un parque inmenso y verde. Puro pasto. Y de paisaje: edificios, claro. Me acomodé contra un árbol a la sombra y ante la mirada insólita de algunos que pasaban por al lado mío (pensando seguramente ‘qué hará esta loca poniendo tanta marihuana en un vaso con pajita a plena luz del sol’) cumplí mi objetivo: ahí estábamos mi mate amargo y yo...EN EL PULMÓN DE LA GRAN MANZANA!




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