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sábado, 25 de enero de 2014

Una Bocha de años

Cada tanto en la vida me doy el lujo de conocer gente como Gero Galeano y que comparta conmigo textos tan lindos como éste que escribió del Bocha. Gracias, Gero. Felíz cumple, Maestro...

 “El Rey Mago Zarateño, una especie en extinción”, reza el tango de Mariano Siccardi en honor a Ricardo Enrique Bochini, el máximo ídolo del Club Atlético Independiente que hoy cumple 60 años. Desde AuGol repasamos un poco su gloriosa historia. El talento de un jugador como el Bocha no es fácil de olvidar, incluso para aquellos que no tuvieron el gusto de verlo en vivo. Es común ver un partido en la actualidad y que el relator asegure que “Fulanito metió un pase bochinesco”… Aunque sólo unas pocas habilitaciones del fútbol moderno son dignas de recibir semejante adjetivo. Bochini marcó a fuego su nombre en la historia de Independiente. De la mano de Pedro Dellacha debutó en 1972 a los 18 en el club de Avellaneda. Y sólo un año después construyó la pared más recordada por los hinchas del Diablo. Eso sí, no hubo ningún ladrillo, sólo toques mágicos entre él y Bertoni para vencer 1 a 0 a la Juventus en la final de la Copa Intercontinental. El Bocha no habrá sido un goleador letal, pero cada tanto que convirtió tuvo su firma de magia. Su mejor característica, se sabe, fueron sus pases. En sus 638 partidos con la camiseta colorada, delanteros como el yorugua Antonio Alzamendi, Carlos Alfaro Moreno y tantos otros más se dieron el lujo de ser asistidos con la calidad del diez del Rojo. Pero él también se dio un lujo en su carrera y en su vida, y es que él es el ídolo del gran ídolo argentino. Son infinitas las veces que Diego Armando Maradona confesó ser hincha de Independiente luego de haber visto jugar a Bochini. “Dibuje, Maestro”, le susurró el Diego al Bocha cuando este último entró a jugar sus únicos minutos en aquel Mundial de México ‘86. En ese momento fue sólo Pelusa cumpliendo otro de los sueños del pibe al compartir cancha con su máximo referente, que aún así ha llegado a admitir que no se siente campeón del mundo. “Los verdaderos campeones son los que tuvieron chances para aportarle al equipo”. Así es Ricardo Bochini, un crack humilde que será eternamente amado por los hinchas del único club que lo disfrutó. Una calle lleva su nombre, pero no cualquiera. Es la calle del Libertadores de América, la cancha que, injustamente, no se llama como el ídolo. “Nació en la Doble Visera, su cuna fue un escalón”. Así culmina el tango. La historia del Bocha debería cerrarse con su nombre en el estadio ubicado en Bochini 751.

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