Cuando Alvaro le sacó esa foto a Micaela ya la había cagado, pero ella todavía no lo sabía.
- A ver, parate ahí y mirame. Uf, increíble lo hermosa que sos…wow
Siempre usaba esa expresión: “wow”, mientras la miraba fijo…una forma de mirar que a ella le incomodaba muchísimo. Sentía que había algo turbio en su semblante. Algo nublado que no la dejaba ver más allá. Estaban juntos hacía cerca de cinco años y recién casi un año después de separarse, ella entendió que realmente esa mirada estaba turbia, nublada, oculta. Era imposible ver a través, no lo hubiera logrado nunca.
Lo que a ella le dolió fue el ego. Más que la mentira, el orgullo. Porque Alvaro no solamente le había sido infiel, sino que había creído que ella no se iba a enterar nunca. Había tenido el tupé de actuar como si nada cuando volvió a verla después de meses, el tupé de abrazarla. Que asco le daba a ella pensar en esos abrazos en los que él creyó que las cosas le habían salido bien. Esos abrazos en los que ella se reconfortó de que todo pudiera fluir aunque sus caminos se hubieran disparado para lugares diferentes.
Y a pesar de saber que lo decían desde el amor, le enojaban las frases de autoayuda de sus amigas y amigos del estilo “será un aprendizaje más”, “no te merecía” y otras oraciones que parecían sacadas de una galletita de la fortuna o un libro de Paulo Coelho. Dejó que el enojo pase y entendió que tantas palabras trilladas igual eran ciertas y empezó a agarrarlas fuerte, como mantras en los cuales pensar mientras respiraba para no hacer alguna estupidez.
Tocaba replantearse, revisar y con tanto esfuerzo: soltar. Cuántas veces le habían dicho en este año que tenía que SOLTAR, pero ella estaba agarrada como una garrapata a todo lo que la lastimaba.
Un trabajo de hormiga minuciosa y laboriosa la llevó a una conclusión determinante:
Cuando Alvaro le sacó esa foto a Micaela ya la había perdido, pero el todavía no lo sabía.

♥️
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