El 4 de abril desembarqué en las islas, allí
estuve hasta el 14 de junio, día en el que terminó la guerra. Luego fui tomado
prisionero hasta el día 6 de julio que desembarqué en Buenos Aires.
… Recuerdo el verano del ’82, hicimos con
unos amigos un campamento a manera de despedida, porque a varios de nosotros
nos tocaba el servicio militar.
La incorporación al ejército, la deseaba,
porque en 1978 un primo fue al sur por el conflicto con Chile y después nos
contaba experiencias vividas y un renovado espíritu patriota que yo deseaba
vivir dentro del ejército, con la jura de la bandera y demás…
… Pero, a pesar de todo esto, jamás imaginé
que el destino tendría para mí, quizás, la peor de las experiencias que pueda
vivir un hombre, … “la guerra”.
… En los
peores momentos de la guerra, la comida empieza a escasear y se torna
imposible. Todo esto, trae consigo experiencias poco imaginables para un
hombre, por momentos es desesperante y esta desesperación hace que por un
pedazo de pan, uno quiera llegar a matar a un compañero si intenta
arrebatártelo.
Pero la guerra puede ser tan cruel como tan
humana, quienes antes nos disputábamos a muerte la comida, luego en medio de
una batalla estábamos dispuestos a dar nuestra vida por otros.
Los días fueron duros, difíciles,
insoportables…Pero había algo especial,…todo lo que se extrañaba, generalmente
todo lo que tenía que ver con la vieja,…sus comidas, sus retos, sus caricias,
su cara…uno se prometía que iría a pasear todo un día con ella…, un sueño que
algunos cumplimos. Era tal la manera de extrañar a la vieja que en medio de la
guerra, nos debatíamos entre el rezo a Dios y el llamado a mamá,…¡Mamita no me
dejes,…no me abandones!...
Quienes murieron en Malvinas lo hicieron
creyendo que era una causa de todo un país; quienes sobrevivimos a esa guerra,
sabemos con mucho dolor que no es así.
Las islas Malvinas geográficamente son
hermosas,…sus montes, sus playas; sus ríos y fauna son parte de nuestra
geografía, sólo que la gente que la habita pertenece a otra cultura,…recuerdo
que nos espiaban a través de sus ventanas y sus murmullos eran constantes.
Las imágenes me persiguen hasta hoy,…la isla
con su amanecer o atardecer, mis compañeros con una sonrisa o una lágrima, los
sueños, las incertidumbres, las batallas, la derrota; pero sobretodo la imagen
con la que me acuesto y me levanto:…fue la despedida, nuestra bandera tirada a
un costado…y la inglesa flameando en la casa del gobernador.
La despedida fue dolorosa, fue con mucho
silencio, silencio que aún hoy sigo escuchando.
“…Mi vida es un antes y después de Malvinas,
es un parámetro por el cual mido todas mis alegrías y mis tristezas; ninguna de
estas sensaciones hasta hoy opacaron la sombra de las islas.
La muerte de mi padre, y el nacimiento de mis
hijas fueron momentos marcados a fuego en mi vida, pero la muerte de cada uno
de quienes combatieron y la sensación de saber que estaba vivo cuando terminó
la guerra marcaron mi alma a tal punto, de cambiar mi manera de vivir y pensar.
Para la sociedad, Malvinas es un tema tabú a
olvidar,…un país que poco a poco va perdiendo sus tradiciones, su identidad,
donde se usan las fechas patrias para tomarse un descanso de fin de semana.
Nosotros no pedimos que se nos alabe o que se
nos trate como héroes, porque los “héroes quedaron en Malvinas”; nos sentimos
mal, tenemos la sensación de que sus muertes hayan sido en vano.
Realmente fue una pena no haber aprovechado
la gesta de Malvinas para reafirmar un 25 de mayo o un 9 de julio. Malvinas
tendría que haber sido una inyección para un país que poco a poco va perdiendo
sus raíces.
Mi manera de hacer llegar a mis hijos el
sentimiento por su país, es explicándoles cada fecha patria, qué ocurrió y
sobre todo, que no olviden que detrás de cada fecha, hay mucha gente que luchó
y murió por una causa que es “nuestra”.
…Quisiera volver por 3 causas a Malvinas:
-La
primera, por las islas, porque son nuestras
-La
segunda, porque me lo prometí
-Y la
tercera, por los chicos que nos están esperando.
…Creo que podré reir o llorar, amar u odiar,
podré vivir los mejores o peores momentos hasta el último día de mi vida, pero
nada podrá borrar en mi mente o manera de sentir, aquellos días donde algunos
en la antesala de la muerte, en medio de la agonía descubrían a Dios y quienes
sobrevivían se preguntaban si existía.
Para terminar les pido que por un momento
tengan en sus mentes el recuerdo de aquellos que como ustedes, seguramente
soñaron con una profesión y con formar una familia. Pero dejaron todo de lado y
se enfrentaron en la lucha y en ésta dejaron sus vidas por la patria, “héroes
por siempre”…
Eduardo
Gaetán
Veterano de
guerra
Argentina
1996
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